Inequidad y trampa de pobreza

Viernes 16 de octubre de 2009, por Jorge Iván González - Miembro de la Mesep

La incidencia de la pobreza ha disminuido pero Colombia no ha superado la trampa de pobreza. Entre 2002 y 2008 el porcentaje de pobres bajó de 53.7% a 46%. Esta tendencia es positiva pero no es suficiente para romper la trampa de pobreza. Actualmente en el país hay 20 millones de pobres. Este número es muy elevado e indica que no se ha logrado romper el círculo vicioso de la pobreza. Los niveles de crecimiento que ha tenido el país no se han expresado en reducciones importantes del nivel de pobreza.

Víctimas del conflicto | Colombia | Concentración de la riqueza |

Las cifras muestran que el crecimiento no es suficiente para combatir la pobreza. Mientras que la trampa no se rompa, el país podrá seguir creciendo sin que haya cambios significativos en el nivel de pobreza. El optimismo que podría derivarse de la disminución de la pobreza se atenúa considerablemente al constatar que mientras no existan políticas estructurales de generación de empleo no es factible ganarle la batalla a la pobreza.

El gobierno se ha preocupado más por repartir subsidios - a través de programas como familias en acción - que por buscar mecanismos que permitan generar empleo. La fórmula es relativamente sencilla: se trataría de crear las condiciones institucionales para que el enorme ahorro de la sociedad colombiana (en manos de los fondos de pensiones, o de ISA, por ejemplo), pueda ser utilizado para financiar grandes obras de infraestructura vial y de renovación urbana. Ha faltado visión de largo plazo. Además de generar empleo, la consolidación de la infraestructura permitiría dinamizar el mercado interno.

El aumento de la indigencia

Preocupa que la indigencia aumente. Entre el 2005 y el 2008 la indigencia pasó de 15.7% a 17.8%. Es inaceptable que la mayor indigencia se presente en un período de buen desempeño del PIB. Debe tenerse en cuenta, además, que la indigencia aumenta a nivel nacional a pesar de que ciudades como Bogotá y Medellín la han reducido.

La mayor indigencia se ha explicado, con razón, por el aumento de los precios de los alimentos, que se manifiesta en una línea de pobreza más elevada. Pero yendo más lejos, los precios altos de los alimentos son la expresión de una pésima política agropecuaria. El país renunció a la seguridad alimentaria y ello nos ha colocado en una situación muy vulnerable frente a las fluctuaciones de los precios internacionales.

Empeoramiento de la distribución del ingreso

La distribución del ingreso ha empeorado. Entre 2005 y 2008 pasó de 0.58 a 0.59. Entre 2002 y 2008 el Gini no se modificó. Se mantuvo en 0.59. La concentración del ingreso es inaceptable y pone en evidencia que nuestra forma de crecimiento es inequitativa. La política tributaria ha favorecido a los más ricos, y la política social no ha logrado compensar las inequidades generadas por la dinámica de la economía y por los impuestos regresivos.

La mala distribución del ingreso acentúa la trampa de pobreza. Para salir de la trampa es necesario que las políticas tributaria y de gasto favorezcan la equidad. El modelo de desarrollo propuesto por el gobierno va en la dirección contraria, sin que se hayan conseguido los resultados promedios. El gobierno ha dicho que la reducción de impuestos a los ricos favorece la inversión y el empleo. Los hechos invalidan esta hipótesis.

La brecha urbano/rural se ha agudizado

Las series muestran una agudización de la brecha entre la ciudad y el campo. Las regiones de Colombia no están convergiendo. Las distancias están aumentando. Los datos de la Mesep confirman los resultados de otros estudios que se han realizado en el país. Bonet y Meisel [1], por ejemplo, muestran que la descentralización ha fracasado porque Bogotá se distancia de ciudades como Medellín, Cali y Barranquilla. Pero, lo más dramático, es que la ciudad se aleja del campo.

El Balance global no es optimista

Los resultados no permiten ser optimistas. La trampa de pobreza se mantiene, la incidencia de la indigencia aumenta, la inequidad crece, la brecha entre el campo y la ciudad se amplía.

Si se quiere luchar efectivamente contra la pobreza y la desigualdad es necesario cambiar de manera sustantiva el modelo de desarrollo. De lo contrario, Colombia seguirá siendo una sociedad excluyente. La situación del campo es dramática, y nos recuerda que la violencia también tiene causas objetivas. Decía Aristóteles en La Política: “...las revoluciones nacen lo mismo de la desigualdad de los honores que de la desigualdad de la fortuna”.


La Misión para el Empalme de las Series de Empleo, Pobreza y Desigualdad (Mesep) fue creada para unir las series de la encuesta continua de hogares (ECH) con las de la gran encuesta integrada de hogares (Geih).

La ECH llegó hasta el segundo trimestre del 2006, y la Geih comenzó en el tercer trimestre del 2006. Los problemas de empalme entre las dos encuestas tuvieron su origen en la decisión equivocada que tomó el Dane de no mantener la vieja encuesta (ECH) mientras se estabilizaba la nueva (Geih). La ausencia de una encuesta “paralela” impidió entender los resultados iniciales de la Geih. El error se trató de solucionar posteriormente, cuando se decidió hacer la paralela. Aunque esta decisión ayudó a corregir parte de los problemas, fue tardía y el empalme no pudo hacerse completo. Las series de mercado laboral (tasa global de participación, tasa de ocupación y desempleo) se lograron empalmar de una manera adecuada. Pero fue imposible corregir los problemas del 2006 y del 2007 en las series de pobreza, indigencia y distribución del ingreso (coeficiente de Gini).

Al interior de la Mesep discutimos los criterios técnicos inherentes al empalme, pero no compartimos nuestras apreciaciones sobre los factores estructurales que determinan las dinámicas de la pobreza y la distribución. Desde mi punto de vista, los datos que entregó la Mesep plantean cuatro grandes retos de política económica, que podrían expresarse así: i) la trampa de pobreza continúa, ii) la indigencia aumenta, iii) la desigualdad empeora, iv) se intensifica la brecha urbano/rural.

Notas

[1] BONET Jaime., MEISEL Adolfo., 2007. “Polarización del Ingreso per Cápita Departamental en Colombia, 1975-2000”, Ensayos sobre Política Económica, vol. 25, no. 54, jun., pp. 12-43.

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