Pero allí no para lo que el coronavirus evidencia. Algunos científicos argumentan que esta situación amerita superar el concepto de pandemia (epidemia que se propaga en forma rápida y afecta a muchos países), para empezar a anclar en el imaginario colectivo el concepto de sindemia. Dicho término surge de la unión de sinergia (cooperación) y pandemia; en conclusión, se define como la interacción de dos o más enfermedades que causan un daño mayor que la suma de ellas. Foto: UN News

El al parecer inesperado protagonista del 2020, catalogado como pandemia, llamado Covid-19, sacó a buena parte de la humanidad del espacio y la catapultó en un abrir y cerrar de ojos al ciberespacio; en consecuencia, también en ese mismo espabilar se hizo perceptible el calamitoso sistema económico que nos acuna y amamanta.

A la salud mental un poco de humor le viene bien. Recuerdo, entre muchos, un mensaje que le otorgaba el diploma de asistencia al señor de los aguacates “por no faltar a ninguna reunión”. Evidentemente y a pesar de los audífonos hay que esforzarse para separar las voces que directamente se pegan al pabellón auricular de aquellas que con desesperación gritan ¡mangooo! ¡mazamorra! ¡papaya! algunos vociferan convincentes cuñas ¡aguacaaates, aguacaaates tan buenos que la pepa es el chicharrón! ¡no tome frutiño que se le cae el pelo, tome jugo, aquí le tenemos la frutaaa! así, con desesperación y en prolongado desfile; pero ¡claro! sin duda el hambre también es desesperante…

La humanidad recluida; tres hijos, un computador, mamá y papá empleados ¿cómo repartir la única herramienta que trae el mercado a casa pero que a la par prepara los hijos para la vida? A pesar de todo, afortunada la familia que presenta este panorama pues aquellas que habitan en algunas veredas, ni al ciberespacio pueden acceder… entonces la pantalla del celular tiene que dar información a un racimo de cabecitas necesitadas de aprender, para cumplir con las tareas de la escuela.

Quedó absolutamente claro que el sistema económico no está en consonancia con los derechos humanos pues ellos están amarrados como Gulliver en Liliput, por esos grandes enanos llamados: Corrupción, Codicia, Consumismo, Individualismos, Miopía, Miedo… haciendo difícil el camino para que los mencionados derechos salten de la letra al ejercicio vital y pleno. La actividad viral agresiva e invasiva del Covid-19, pone en primer plano la efervescente dinámica social, que hoy en día fluctúa entre la imposición de un sistema social y económico injusto y el descontento que emana de ello.

Pero allí no para lo que el coronavirus evidencia. Algunos científicos argumentan que esta situación amerita superar el concepto de pandemia (epidemia que se propaga en forma rápida y afecta a muchos países), para empezar a anclar en el imaginario colectivo el concepto de sindemia. Dicho término surge de la unión de sinergia (cooperación) y pandemia; en conclusión, se define como la interacción de dos o más enfermedades que causan un daño mayor que la suma de ellas.

Párrafos atrás se ha mencionado la vulnerabilidad social y económica de la población, pero es de suma importancia involucrar el ambiente para un análisis más preciso, más sinergético del futuro que nos estamos construyendo.

No es descabellado poner como punto de partida el sistema agroalimentario industrial. Grandes extensiones de terreno deforestadas con la consecuente pérdida de biodiversidad; tales extensiones tractoradas exponen el suelo productivo a ser arrastrado por la lluvia o el viento; la pérdida de suelo provoca la alteración de los ciclos naturales del agua y los nutrientes. Inundaciones y sequías en picos descontrolados afectan directamente la seguridad de las poblaciones y de la economía.

Una mermada cantidad de nutrientes por la pérdida de suelo redunda en bajas cosechas, altos costos en fertilizantes y plaguicidas, así como alimentos de escasa calidad nutricia. Es probable que una parte de la comunidad humana no padezca de hambre, pero es probable que tenga desnutrición o hambre encubierta. Si individuos en tal estado llegan a contraer el virus, la pasan mal…

Súmese a lo anterior la cantidad de conservantes, endulzantes colorantes y el fin, ese conjunto de sustancias sintéticas con las cuales la industria seduce las papilas de tantas personas ingenuas que confían en que lo que les venden no puede ser dañino para la salud. Obesidad, presión alta, cáncer, diabetes pueden tener raíces en tal oferta alimenticia y bien es sabido que son pacientes más susceptibles para padecer o perecer por Covid.19 en las UCIs.

Partir de la deforestación en este breve análisis, tiene el propósito de llamar la atención en el hecho de que si el ecosistema natural es arrasado, se pierde la barrera que separa la comunidad humana de la fauna silvestre, por tanto el contacto será más cercano e inminente y en consecuencia la transmisión de enfermedades de animales a humanos será también más probable; huelga resaltar que este ámbito para la medicina es desconocido y difícilmente podrá responder de forma ágil a la presencia de una nueva enfermedad.

La argumentación de ver el Covid-19 como una sindemia parece ser sumamente pertinente dado que este virus al parecer acompañará lo humanidad por un buen tiempo. Visto así, podría contribuir a que la comunidad en general sea más responsable en las recomendaciones de autocuidado y que políticos y economistas que se han dado a la tarea de administrar la naturaleza, se alineen con ella en lugar de ponerle cortapisas a sus ciclos haciendo de la tecnología un fetiche y del resto de los congéneres piñones en el engranaje de producción de riqueza, cuya inequitativa distribución ha provocado tanto y tan concentrado padecimiento en el año que termina.

Lía Isabel Alvear
21 de enero de 2020