Oculta en el corazón de una pequeña semilla, bajo la tierra la planta dormía.
-¡Despierta! – dijo el calor
-¡Despierta! – dijo la lluvia fría
La planta oyó la llamada y quiso ver lo que ocurría.
Se puso un vestido verde, estiró el cuerpo hacia arriba.
De toda planta que nace, esta es la historia sencilla.
Anónimo.

El yacón es una fruta tan antigua como el agua, -elemento al que le debe su nombre “yacu” en quechua-, pero tan extraña a la mayoría de los moradores actuales de la tierra, que su nombre es necesario repetir más de una vez, para que el interlocutor con extrañeza señale “no la conozco, ¿es un producto nuevo?” y mayor es su sorpresa cuando se explica que es una fruta y que se consume cruda, -pese a su parecido con otras raíces comestibles como la arracacha o la yuca-, pero dulce e hidratante. Posee propiedades medicinales inigualables, y al degustarla, se le puede encontrar sabor a pera, manzana, sandía o melón, de acuerdo al gusto del consumidor, por esa extraña manía de acudir al recuerdo para formar ideas nuevas.
Cada vez crece más el interés en el estudio del yacón, pues es sabido, que a mayor conocimiento de los productos es mayor el aprecio y el empeño en la experiencia de sembrarlo.

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