Desde el miércoles todo era agitación en La Palmera, pequeño poblado centro del resguardo nasa de Gaitania, zona rural del municipio de Planadas. Los tres días siguientes, 23 al 26 de julio de 2014, se conmemoraría un nuevo aniversario del acuerdo de paz con las FARC-EP. No era simplemente un año más. Eran 18 años de vida del tratado firmado en julio de 1996 por Virgilio López, gobernador indígena, y Jerónimo Galeano a nombre de la guerrilla.

En esta zona del sur del Tolima está ubicada la histórica Marquetalia, cuna de las FARC-EP, movimiento insurgente que adelanta desde 2012 conversaciones de paz con el gobierno colombiano en La Habana. A la aldea, enclavada entre cerros de la Cordillera Central, se llega desde Planadas por una estrecha carretera que bordea altas lomas delicadamente cultivadas con café, a la sombra de cámbulos, flormorados, ocobos, guamos y cedros que florecen en diferentes épocas del año y juegan a complementar con distintos colores el verde intenso del paisaje cafetero.
Desde el comienzo del viaje, realizado en ronroneantes jeeps rusos de la Segunda Guerra Mundial, los cursos de agua, entre ellos el turbulento río Atá y cristalinas quebradas , unidas a la imponencia de las montañas, nos acarician con la música secreta del alma de la Colombia profunda. Esa que escasamente se menciona en las noticias de guerra pero que ahora respira esperanzas de paz.

Gaitania, situada a 1400 metros de altura y con tibios 20 grados de temperatura promedio, alberga una población cercana a los 10.000 habitantes, de los cuales aproximadamente 2.700 son indígenas nasa, casi todos radicados en el resguardo. Fue fundada en 1920 como Colonia Penal y Agrícola del Sur de Atá. Diez años después el penal fue cerrado y se convirtió en poblado que acogió a gentes provenientes de distintas partes de Colombia, especialmente campesinos de las zonas cafeteras, atraídos por la abundancia de agua, la fertilidad de las tierras, las buenas condiciones para el cultivo del café y otros productos agrícolas. En 1949, poco tiempo después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, como homenaje al caudillo liberal, tomó su actual nombre.

La alegría va creciendo a medida que se acerca el inicio de la minga. Las autoridades tradicionales están pendientes de cada detalle y se preparan para recibir a los invitados. Hay que asegurarse de que no falten el tradicional mote de maíz, que le da realce a las ocasiones especiales, ni los envueltos en hojas de victoria, como tampoco la sopa de coles y especialmente la chicha y el guarapo para calmar la sed de los asistentes.

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