Febrero 27 de 2014
Familiares de Jesús María Valle,
Amigos y amigas del Grupo Interdisciplinario por los derechos humanos
Representantes de la Rama Judicial
Representantes del Gobierno
Amigos y amigas defensores y defensoras de derechos humanos

Señores y señoras

Dijo Jesús María Valle:

«Yo siempre vi, y así lo reflexioné, que había como un acuerdo tácito o como un ostensible comportamiento omisivo, hábilmente urdido entre el comandante de la IV Brigada, el comandante de la policía de Antioquia, el doctor Álvaro Uribe Vélez, el doctor Pedro Juan Moreno y Carlos Castaño. Todo el poder de los grupos de autodefensa se ha consolidado por el apoyo que ese grupo ha tenido con personas vinculadas al gobierno, al estamento castrense, al estamento policivo y a prestantes ganaderos y banqueros del departamento de Antioquia y el país»

Es la palabra clara, diáfana, a fondo, cruda. Una reflexión viva, dirigida en tono directo a los detentadores del poder. Por eso incomodan quienes defienden los derechos humanos.

Ciertamente es muy grave, diríamos criminal, la práctica que utilizan para conservar, amasar y acumular ese poder y para ello, lo saben, aumentan la crueldad acallando a quienes defienden los derechos humanos. Solo quieren convivir con el silencio o la palabra vacua vacía, pálida o complaciente.

Hoy me pregunto. Cómo sería Colombia con las voces vivas y contundentes de Jesús María Valle, de Eduardo Umaña, Alirio Pedraza o de Ramiro Zapata, solo por nombrar unas cuantas, que, cuando expresaban su indignación, su voz resonaba y llegaba hondo a los sentidos de la ciudad, del país, del mundo y se convertía en la conciencia crítica y en el referente de valores de respeto a la dignidad humana, la defensa de la vida, la libertad, la equidad, la justicia económica y social.

Sus palabras eran mensajes.

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