• Javier Steven Sánchez Beltrán fue encontrado sin vida en el río Fucha, en predios de la Escuela de Logística del Ejército Nacional en la localidad de San Cristóbal Sur  
  • El joven soldado se encontraba prestando el servicio militar en esta unidad y desapareció desde el pasado 17 de agosto  

 

Desde el pasado 17 de agosto, Angie Carolina Beltrán ha vivido el suplicio de buscar a su hijo, Javier Steven Sánchez Beltrán. Un soldado,  que prestaba el servicio militar en la Escuela de Logística Militar del Ejército Nacional, ubicado en la localidad de San Cristóbal en el Sur de Bogotá, quien desapareció en extrañas circunstancias cuando se encontraba dentro de las instalaciones de la Escuela Militar. La última vez que lo vio su familia fue el sábado 14 de agosto cuando estuvo de permiso y luego regresó a la Unidad Militar.  

El martes 17 de agosto, el Subteniente Molina y el Sargento Ramírez se comunicaron desde el Batallón con la madre vía telefónica, para informarle que su hijo se había “evadido del batallón”, que había desertado, y les pidieron información sobre su paradero.  

Esto alarmó inmediatamente a la señora Angie Carolina y a toda su familia porque su residencia se encuentra muy cerca a la Escuela de Logística Militar y él nunca se presentó, dejando toda su ropa y sus pertenencias en la casa. También porque Javier había manifestado su emoción por cumplir un año de servicio el 01 de septiembre, y encontrarse próximo a recibir un beneficio económico al cumplir antigüedad, con el que planeaba comprarse un celular. El dragoneante también soñaba con continuar con la carrera militar, según lo había dicho a su familia, por lo cual no tenía sentido la deserción.   

Sobre las circunstancias de la desaparición, la familia solo tiene como indicio que Javier Steven tenía una disputa con uno de sus compañeros, de apellido Castillo, con quien ya había tenido una riña.  Al ahondar en los hechos que rodearon su desaparición, la familia escuchó tres hipótesis de lo ocurrido, por parte de integrantes del batallón. La primera fue que Javier prestó guardia el día 16 de agosto de 2021 de 7:00PM a 10:00 PM, y como no tenía celular, le pidió el favor al Lanza que le prestara uno para hablar con una amiga que vive cerca de su casa. Dicen que habló, salió del baño, entregó el celular, se acostó y al otro día supuestamente no estaba en la Escuela Militar.  La segunda hipótesis fue que prestó guardia el día y hora ya indicados, pero que no lo volvieron a ver desde el momento en que entregó el celular, y la tercera que estuvo en la formación el día martes 17 de agosto, día en que informaron a su familia de su ausencia. 

Lo cierto del caso es que el joven desapareció cuando se encontraba prestando su servicio y dentro de las instalaciones de la unidad militar.    

El lunes 20 de agosto, tres días después de no tener noticia sobre su paradero, la familia acudió a la Fiscalía General de la Nación y al Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses para interponer la denuncia por desaparición.  Diez días después, el 30 de agosto, la familia de Javier se puso en contacto con la línea de emergencia 123, donde les informaron que no se había activado ninguna búsqueda por parte de la Policía Nacional, tras la denuncia presentada en Medicina Legal. La noticia fue desalentadora ya que un abogado del CTI les había indicado que la búsqueda se había activado. 

Paralelamente, la familia inició la búsqueda a través de carteles, redes sociales, noticieros, conocidos y familiarespero también en la zona en compañía de amigos y vecinos, en medio de la abundante vegetación y a lo largo del río Fucha que recorre esta zona. Alcanzaron a realizar tres jornadas de búsqueda, previas al hallazgo del cuerpo del joven el pasado sábado 4 de septiembre, a escasos metros de la entrada de la Escuela de Logística Militar en ese mismo río.  

Al ser hallado su cuerpo, de inmediato fue trasladado a Medicina Legal donde fue identificado plenamente el día lunes 6 de septiembre, dando fin a esta tortuosa búsqueda y abriendo múltiples interrogantes sobre lo que pasó y los implicados. Estos interrogantes se refieren a la presunta responsabilidad del Ejército Nacional por no haber solicitado que se activara el mecanismo de búsqueda urgente, contemplado en la Ley 971 de 2005.  

La abogada Yessika Hoyos, integrante del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo -Cajar-, que acompaña este caso, cuestionó que el Ejército “en vez de ayudar a buscar a un miembro de su institución lo que hace es iniciarle un proceso por deserción. Incluso notifican a la familia y que él tenía que presentarse a rendir indagatoria” Por otra parte, resaltó que el Ejército no le informó a la familia del hallazgo del cuerpo, sino que se enteraron por los vecinos que sabían que su familia lo estaba buscando.  

Ese lunes, cando se confirmó que la identidad de Javier Steven, integrantes del Ejército se hicieron presentes en las instalaciones de este Instituto tratando de establecer qué había determinado Medicina Leal sobre la causa de la muerte del joven soldado. Allí también llegó la Policía Metropolitana a hostigar a la familia que, en medio de su profundo dolor, repudiaba la presencia militar.   

La familia también rechazó que personal del Ejército les dijera que la desaparición obedecía a que Javier Steven tuviera problemas de consumo de drogas e incluso que les hubieran acusado de estarlo escondiendo para buscar algún beneficio económico.  

En la misma noche del lunes 6 de septiembre, la familia convocó a una velatón al frente de las instalaciones de la Escuela de Logística Militar donde familiares y vecinos exigieron -entre gritos, llanto y rabia- verdad y justicia a los altos mandos a cargo de la Escuela de Logística y al Ejército Nacional sobre este caso.  

Hoy la madre, el padre, los hermanos, tíos, tías y la comunidad del barrio donde creció de Javier Steven, viven su duelo en medio del dolor y de la incertidumbre. Por eso exigen una investigación diligente e imparcial para determinar las causas de la muerte de Steven y permitan aclarar qué pasó y quienes son los responsables de su muerte.