LA LUCHA CONTRA EL CAPITALISMO MAFIOSO
(Colombia) (Autor:Iván Cepeda Castro)

Jueves 27 de julio de 2006, por Prensa - Colectivo

Cuando se habla de experiencias internacionales para hacer ejercicios comparativos con relación a lo que está aconteciendo en Colombia, regularmente se buscan ejemplos de los países que han atravesado por las llamadas transiciones democráticas. Poco se ha analizado, sin embargo, otra clase de experiencias. Tal es el caso del movimiento social italiano contra el capitalismo mafioso.

Desde finales de la década de 1940 comenzó en Italia el ascenso de organizaciones criminales. Paulatinamente se generalizó la infiltración de las instituciones, y la desviación de los recursos públicos. Clanes como la Cosa Nostra y la Camorra usurparon tierras con métodos violentos, como ocurrió en el caso de la masacre cometida en 1947 contra campesinos de la Ginestra. Luego compraron propiedades con el fin de legalizar sus capitales. En el sur de Italia las reglas de la competencia del mercado quedaron sometidas a modalidades extorsivas como el “pizzo”; impuesto cobrado a los comerciantes en Sicilia. Un informe parlamentario de 2003 afirmó que el 2,5 % del PIB anual italiano provenía de fuentes relacionadas con la economía mafiosa. Las organizaciones criminales impusieron así mismo sus reglas en la política. Según el fiscal de Palermo, Piero Grasso: “Cosa Nostra, muy a menudo, ha sido el propio Estado”. Los escándalos mafiosos comprometieron a Gulio Andreotti -siete veces primer ministro de Italia- y a miembros de la administración Berlusconi. A finales de la década de 1990, se denunció que los mafiosos conseguían votos para políticos del partido de gobierno, Forza Italia.

Para enfrentar esta situación se ha desarrollado un movimiento social contra el poder criminal. Los jueces Falcone y Borsellino fueron asesinados debido a que realizaron grandes procesos judiciales contra los capos, y les confiscaron cuantiosos bienes. Además se han conformado organizaciones de la sociedad civil que pregonan los valores de legalidad democrática y solidaria. Un buen ejemplo es la asociación Libera que integra 1.200 grupos en toda Italia y que lucha, desde 1995, por la organización de las víctimas de la mafia, y por el uso social de las propiedades ilícitas incautadas. Dado que la mayor parte del patrimonio confiscado se concentra en zonas pobres del sur, los proyectos de Libera apuntan a crear puestos de trabajo en áreas de alto riesgo criminal con un fuerte grado de desocupación juvenil. Su labor ha demostrado que la riqueza arrebatada a la mafia puede servir a programas de inclusión social. En 1996, Libera dirigió la recolección de más de un millón de firmas de apoyo a un proyecto legislativo que buscaba consagrar la función social de la tierra y los bienes detentados por la mafia. La iniciativa dio lugar a la adopción de la Ley 109/06. Por esta vía legal se han podido entregar cientos de hectáreas a las comunidades, y convertirlas en proyectos productivos agrícolas. El pasado 26 de junio, Libera presentó ante los medios de comunicación los resultados de un programa de esta naturaleza en la región de Calabria, donde delinque la familia Mancuso de Limbadi y la temible ’Ndrangheta. Como se recordará, en 2004 la operación policial ‘Decollo’ puso al descubierto los nexos de ese clan con el paramilitar colombiano Salvatore Mancuso al incautar más de 5.000 kilos de cocaína.

En Colombia también existen expresiones de resistencia civil que trabajan para que la tierra sea un bien colectivo y no un capital de las redes mafiosas. Su experiencia es afín con la de los campesinos del sur de Italia, pues a pesar de las diferencias geográficas y culturales tienen poderosos enemigos comunes.

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