No soy versada en asuntos jurídicos, pero he estado atenta a los caminos que ha recorrido el pleito que contra el Doctor Iván Cepeda Castro instauró ante la Corte Suprema de Justicia, el Doctor Álvaro Uribe Vélez quien, fiel a su costumbre saca, cual prestidigitador, temerarios embustes con voz aterciopelada y manoteos contundentes, de tal forma que, convencido de que convenció, pone a perder tiempo al aparato judicial mientras él gana tiempo para escalar sus non sanctos intereses.

Si a la maña anteriormente descrita se le suma el paquidérmico andar de la justicia en Colombia, el plato está servido, más tiempo para que el Doctor Uribe explaye su ego por las grietas de una sociedad aturdida por un sistema económico nada proclive a la justicia.

No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, dice el adagio popular y según se están presentando los hechos, a los berrinches del Doctor Uribe se les va poniendo límite: la convicción del quehacer honesto fue la base de la argumentación que el Doctor Cepeda presentó a la Corte, quien lo eximió de culpa frente a la acusación en cuestión.

Todo bien, bastante claro; la ciudadanía pudo ver como a través de un vidrio las pruebas en las cuales la Corte fundamentó la inocencia del Doctor Cepeda, pero también la turbidez del accionar del Doctor Uribe que a la postre condujo a su detención domiciliaria…

Corto fue el alivio a la zozobra que vive Colombia. Invocando de nuevo la filosofía del pueblo que alerta: vaca ladrona no olvida portillo… desde su reclusión continuó moviendo los hilos de prestidigitador para “esclarecer y limpiar su nombre” de la forma como sabe hacerlo, modus operandi diría el Doctor Montealegre; es decir, haciendo sin parecer que está haciendo, pues para tales circunstancias ordena sus músculos faciales en clave niño bueno, habla pausado y lustra con terciopelo su voz, en tanto los peones desechables que le rodean arman y tejen testigos y pruebas, ajenos a que en la psique de su protector no habita la lealtad. La expectante colombianada cada vez menos crédula y más atónita.

Si; el Doctor Uribe logró de nuevo enredar las cosas colándose con habilidad entre dos leyes… Así, lo que la Corte con limpidez había presentado respecto al Doctor Cepeda, con empalagosa parsimonia el Fiscal Jaimes lo fragmenta cual vidrio colapsado, para confundir el todo y hace perder a los jueces y a la ciudadanía en las partes, es decir, en amorfa información que obliga, para hallar de nuevo la justicia, ordenar los trozos… El andamiaje de la Fiscalía fue en estricto sentido, marrullería… que según la Real Academia Española es astucia tramposa o mala intensión.

Es que, ante el inminente desplome de un ejercicio del poder fundamentado en el miedo, logrado a trampa y sangre, es menester protegerse; esto aplica tanto para el doctor Uribe como para los lacayos que aún le quedan. Ya se les ve desfilar contando horrendas realidades por la Comisión de la Verdad y por la Jurisdicción Especial para Paz.

Teniendo por cimiento la verdad, protegidos por la convicción, con una infinita dosis de paciencia, con un equipo de abogados sesudos y una ciudadanía cada vez más despierta del insulso sueño de la Seguridad Democrática, se pueden resistir los estertores de los protagonistas de este trozo aterrador de nuestra historia.

Lía Isabel Alvear
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