El brazo de Link-Belt

El instante que esperaban desde hacía por lo menos 13 años, estaba a punto de llegar.

Cerca de las nueve de la mañana arribaron las mujeres. Se reunieron en círculo dentro en un conteiner para ajustar detalles del día, y a las diez fueron agarrando sillas de plástico. Se ayudaron entre sí a tomar asiento y se pusieron una al lado de la otra, para contemplar un espectáculo que tenía lo mismo de terrible que de esperanzador: el operario de una excavadora apostada en un barranco esperaba la orden del antropólogo forense John Fredy Ramírez para poner marcha a la maquinaria.

Sucedió a las 10:10 de la mañana. La excavadora Link-Belt 130 X2 levantó su portentoso brazo de color rojizo, y mientras los periodistas enfocaban sus cámaras, abrió esa cuchara con garra de acero con que arrancó unos cincuenta kilos a la tierra apelmazada por el tiempo y por el sol.

Era un acto memorable. También de silencio. Las mujeres, vestidas con camisetas y pañoletas blancas bajo una carpa que las protegía del sol, se sumían en una meditación profunda. Mientras que en el resto de la ciudad se iniciaban los festejos de Feria de las Flores del mes de agosto, en ellas perdurará el recuerdo del día 5 de este mes asociado al inicio de excavaciones en La Escombrera, para buscar a sus familiares desaparecidos. Por eso, un hondo y callado estremecimiento se les apoderaba en aquel instante. Eso que los demás veían, ellas lo estaban sintiendo.

“Al ver esa máquina quieta yo estaba tranquila, pero cuando comenzó a escarbar, sentí que lastimaría a nuestros seres queridos”, manifestó la señora Margarita Restrepo.

Ella se ha hecho a la ilusión de que, bajo ese monte de tierra y escombros que la máquina empezaba a escarbar, podría encontrar algo de los restos de su hija Carol Vanesa, el preciado fruto de su vientre que desapareció el 25 de octubre de 2002, camino al barrio San Javier, donde iba a encontrarse con unos amigos. Carol tenía 17 años de edad y estaba próxima a terminar su bachillerato.

“Donde me digan que hay una fosa, allá tengo esperanzas”, añadió Margarita.

Desapariciones forzadas desde Orión

El caso de Carol Vanesa es uno entre decenas o cientos de casos más. Personas que empezaron a desaparecer de manera sistemática en los barrios de la Comuna 13. Luego de que militares, policías y paramilitares colombianos ocuparan la zona desde el 16 de octubre de 2002.

La operación militar se llamó Orión. Y fue difundida por los medios de comunicación como parte de un proyecto nacional de lucha contrainsurgente llamado Política de Seguridad Democrática. El gobierno de Álvaro Uribe Vélez anunció entonces a la operación Orión como el mecanismo legítimo para “liberar” a la Comuna 13 de Medellín de la presencia de milicias urbanas.

Pero con Orión llegaron las desapariciones forzadas. Los policías y militares ya habían ocupado la zona cuando hombres y mujeres jóvenes, adolescentes, señoras y señores, empezaron a ser arrebatados de sus familias sin ninguna explicación. A algunos se los llevaron desde sus propias casas. A otros los abordaron en las calles de los barrios de la Comuna 13.

Esas violaciones a los derechos humanos permanecieron silenciadas por varios años porque Orión se difundió en medios masivos con un hálito de propaganda política. Como una operación que representaba las virtudes de la Política de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez. Y hablar de desapariciones forzadas en un sector de Medellín, a manos paramilitares y con la complicidad de policías y militares, era desafiar la versión oficial de los hechos en un momento en que la oposición política y la defensa de los derechos humanos eran perseguidos y estigmatizados.

Pero un grupo de mujeres se armaron de valor. Tenían hijos, esposos y otros familiares desaparecidos, y no podían soportar más la incertidumbre de sus paraderos. Empezaron a reunirse, a tocar puertas y buscar ayuda para encontrar la verdad. Para hallar a sus desaparecidos.

La Corporación Jurídica Libertad respondió. Este colectivo de abogados defensores de derechos humanos les ofreció apoyo desde un principio. Documentó los casos y ayudó a la conformación del colectivo Mujeres Caminando por la Verdad. Acompañó las denuncias desde lo jurídico e incentivó la celebración de actos de memoria para exigir verdad, justicia y reparación por parte del Estado.

Porque las desapariciones en la Comuna 13 no podían quedar en total impunidad.

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