Los Pueblos Indígenas del Chocó seguimos defendiendo la Vida

l departamento del Chocó, ubicado al occidente de Colombia, es uno de los departamentos con mayor variedad de flora, fauna, inmensas extensiones de selva, bañada por grandes ríos como el Atrato, Baudo, San Juan entre otros, con una población aproximada de 454.030 mil habitantes. Es el territorio donde desde tiempos inmemorable vivimos los Pueblos Indígena Tule, Wounaan, Embera Dovida, Katío y Chamí, pueblos Indígenas que hemos resistido y nos hemos negado a desaparecer.

Indígenas | Chocó |

Con el paso del tiempo hemos tenido que aprender adaptarnos al contexto de muerte que se nos presenta, para así no perder nuestra esencia como pueblos originarios, es por eso que hasta el día de hoy en nuestros pueblos Indígenas el 95% habla el idioma propio de cada pueblo indígena, y más del 40% solo habla o se comunica en idioma propio.

Los pueblos Indígenas que vivimos en el Chocó en su mayoría vivimos de la caza, la pesca, la recolección y uno que otro cultivo como el plátano, yuca, maíz y arroz. Siempre buscamos la armonía y estar en equilibrio con la naturaleza, nos sentimos parte de ella y ella de nosotros como un solo ser. Compartimos el territorio en su mayor parte con los pueblos afrocolombianos quien con el paso del tiempo han podido ir consolidando sus territorios como consejos comunitarios, ubicados en su mayor parte a las orillas de los ríos de este departamento.

Con el paso de los tiempos hemos tenido que sobre llevar situaciones muy difíciles que han afectado la vida de nuestras comunidades, situaciones que en su mayoría se han generado por la llegada de la avaricia, la codicia y ambición de acumulación, que han traído con sigo los colonos que poco a poco se han ido apoderando de nuestros territorios. En principio llegaron para acabar nuestras selvas, talando los árboles y convirtiendolos en madera para así satisfacer su necesidades de consumo, no conformes con la tala de árboles, se comenzó con la siembra de monocultivos tales como el banano, plátano y hoy palma aceitera.

Pero como la avaricia y la ambición por el dinero nunca se sacia en ellos, trajeron el narcotráfico a nuestros territorios, de igual manera comenzaron a escarbar la tierra como aquel armadillo que escarba para encontrar su alimento, estos han escarbado la tierra para encontrar el alimento de sus codicias, como lo son los minerales que la madre tierra a creado para la armonía de la vida. Así como para nosotros los minerales son un fruto preciado de la vida ya que nos ayuda en el equilibrio con los espíritus de la naturaleza, para lo nuevos hombres que habitan nuestros territorio es el premio que calma pero no llena la ambición.

Esta situación ha creado un desequilibrio en nuestros territorios porque con la llegada de estas personas llego el deseo de acumulación y esto a su vez trajo la muerte y el dolor en nuestras comunidades, volviendo nuestros territorios una fabrica de explotación tanto de recursos naturales como minerales. Y como la muerte trae más muerte, así como en la naturaleza un cuerpo muerto atrae gallinazos, los grupos armados han ido llegando para apoderarse y controlar los frutos de la explotación natural. Convirtiendo los territorios en zonas de guerra y miseria y en una lucha constante por manejar todo el botín de la acumulación.

La comunidades Indígenas hemos tenido que enfrentar este terror, que quiere acabar con nuestros pueblos, las víctimas mortales que ha dejado el accionar de los grupos armados como los paramilitares, la guerrilla, los narcotraficantes y hasta la fuerza pública es innumerable. Un gran número de nuestros hermanos indígenas han salido huyendo del territorio para así salvar sus vidas, llegando a las grandes ciudades a mendigar en la calles por un bocado de comida. A pesar de nuestra lucha por defender y resistir en el territorio, el desplazamiento forzado y el confinamiento se a ido convirtiendo en un pan de cada día en nuestros pueblos. Es por esto y con el fin de proteger nuestras vidas, salimos por periodos cortos del territorio y luego volvemos para seguir resistiendo. Pero los señores que traen la muerte quieren sacarnos para siempre de nuestras comunidades para así quedarse con nuestros territorios y utilizarlos para el narcotráfico, los megacultivos y la explotación de recursos naturales.

Frente a todo este panorama y a pesar que somos Indígenas colombianos, el estado perece no acordarse de nosotros. Es paradójico que el gobierno hable que en este país ya no hay un conflicto armado y que Colombia se encuentra en un estado de posconflicto, cuando los hechos no solamente en el Chocó evidencian lo contrario. Vemos como cada día la presencia de los grupos armados sigue creciendo, los enfrentamientos y las ocupaciones a nuestros territorios se han vuelto más constantes que en tiempos anteriores, sosteniendo así la lucha por el control territorial que pareciera no tener fin.

Como si fuera poco hace unos días, llego a la cuidad de Quibdó el Presidente Juan Manuel Santos promoviendo su Plan Nacional de Prosperidad Social, un nuevo plan para acabar la pobreza extrema de las más de 350.000 colombianos y colombianas que viven en condición de miseria, según cifras del estado. Lo contradictorio de esto es que mientras el presidente lanza este plan en nuestros territorios, por otro lado promueve la llegada de más empresas, nacionales y multinacionales para aumentar el nivel de explotación de los recursos naturales y mineros en el Chocó. No entendemos por que el gobierno quiere combatir la miseria trayendo más miseria a nuestras comunidades, como si no bastara toda la destrucción que han generado en los últimos años, las personas, empresas y grupos armados que buscan la acumulación. Pareciera que no les importara la vida de las personas que habitamos en este territorio.

Es por eso que mientras el estado siga negando el conflicto armado en el que vivimos en Colombia y nuestros territorios sigan siendo entregados al poder económico para que destruya toda la vida, la fauna y flora de este departamento selvático, los Pueblos Indígena seguiremos defendiendo, resistiendo y denunciando las situaciones de vulnerabilidad a la que somos sometidos.

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