“Le pido un favor, inserte un párrafo donde alerta a las AUC sobre la importancia del cumplimiento de su palabra ante la opinión pública, de cumplir con el cese de hostilidades, que incluye abandonar definitivamente cualquier participación en actividades del narcotráfico, pues es lo que espera Estados Unidos. (…) Amigo, a mí me parece que así es más válido lo que usted escribe, y muestra su línea crítica con todos los violentos”.

Con estas palabras, Carlos Castaño aconsejaba a su ‘amigo’ Ernesto Yamhure Fonseca la modificación de una columna que éste publicaría en el diario El Espectador el 1º de diciembre de 2002.

“No asesinar a un colombiano más, no a la piratería en carreteras y nada de extorsión, y más bien debe dedicarse (ahora que tienen un conducto legal con el gobierno) a pasar información a las autoridades competentes para contrarrestar cualquier actividad criminal de los enemigos de la Paz. Del cumplimiento de su palabra dependerá la confianza y el respaldo de los colombianos al proceso de paz negociación con ellos”, pedía Castaño.

En un principio el artículo se titularía “Felicitémonos”, en mención al cese de hostilidades decretado en forma unilateral por los grupos paramilitares el 29 de noviembre de ese mismo año. La columna, además de ser un mensaje de bienvenida al proceso de paz con las AUC sería también una diatriba contra la revista Semana, la Comisión Colombiana de Juristas y su director Gustavo Gallón, y contra el analista León Valencia.

Las sugerencias de Castaño solicitaban también eliminar esos ataques: “no creo conveniente su crítica descarnada a la revista Semana, es mejor ignorar eso. Tampoco es conveniente hacer peyorativo el título del libro de León Valencia, pues no es eso lo que sugiere el libro”.

Tras las observaciones de Castaño, la columna fue reescrita y publicada el 1º de diciembre, con el título “El fin del caballito”. Poco antes, el 18 de noviembre, Yamhure le había enviado a Castaño sus “Consideraciones sobre el Primero de Diciembre”, documento en el que mencionaba a Norberto Bobbio y su tesis de la paz negativa y la paz positiva, así como los acuerdos logrados con el entonces Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, en reuniones previas, y hacía consideraciones sobre aspectos que deberían ser incluidos en el comunicado que anunciaría el cese de hostilidades.

“Me permito hacer algunas recomendaciones sobre el contenido de ese comunicado para evitar cualquier tipo de vacíos o dar pié para que malintencionados observadores del conflicto interno traten de torpedear el importante gesto de paz de las AUC:

—Es recomendable que el comunicado vaya acompañado por manifiesto de buena voluntad de todos y cada uno de los comandantes de los diferentes bloques que hacen parte de las AUC; que el País no sólo vea un comunicado de una organización, sino un compromiso personal de cada comandante de bloque. Ese compromiso, de paso, involucra profundamente a cada comandante y, en caso de incumplir, el país podrá reclamarle no sólo a la organización sino al responsable directo.

—La declaratoria se dará el primer día del mes más importante del año. Por un lado, es un regalo de Navidad que las AUC le hacen al país, pero también puede ser leído de manera equivocada como si fuera una “tregua navideña”. En el comunicado, hay que hacer claridad sobre ese punto explicando que no se trata de un gesto político de corto plazo, sino que es el primer paso de muchos que se darán en busca de la reconciliación nacional.

—Valdría la pena involucrar un poco al Gobierno sobre el éxito del cese de hostilidades, pues en tanto la Fuerza Pública proteja las zonas de frontera de las regiones en cese de hostilidades, será muy poco probable una presencia militar de las Farc en esas zonas.

—Hay que hacer énfasis en el tema del acompañamiento y la veeduría internacional del cese de hostilidades para que sea la Comunidad Internacional la encargada de hacer cumplir la palabra empeñada de las AUC”.

Todos los documentos, contenidos en la memoria USB de Carlos Castaño entregada a la Fiscalía por Hebert Veloza García, alias HH, en julio de 2008, dan cuenta de la estrecha relación entre Ernesto Yamhure, hoy conductor del programa La Hora de la Verdad de Radio Super, y el hasta 2004 máximo jefe de los grupos paramilitares.

Información compartida

La relación entre Castaño y Yamhure ha sido también comentada por Juan Rodrigo García Fernández –hermano de Carlos Mauricio, el ex comandante del Bloque Metro de las Autodefensas asesinado en julio de 2004–, y por Freddy Rendón Herrera, alias El Alemán.

En enero de 2009, en una declaración rendida dentro del proceso que se sigue por el asesinato del periodista Jaime Garzón, García Fernández aseguró que en ocasiones acompañó al columnista de El Espectador “en el sauna de la casa de Carlos Castaño, mientras yo tomaba café ellos tomaban whisky y el doctor Yamhure fumaba su pipa”.

“El doctor Yamhure participó conmigo (…) en al menos dos reuniones con las autodefensas, una de ellas señalada por mí en una columna de opinión que debe circular esta semana [enero de 2009] en el periódico Urabá Hoy y en la cual el doctor Yamhure manifestó en contravía de mi apreciación de la necesidad de un proceso de paz que atendiese a las causas de la violencia en las diferentes regiones, que ya las causas objetivas y subjetivas de la violencia ni se estudiaban y por el contrario el tema de la negociación sería coca, coca y coca”.

De acuerdo con García Fernández, en el 2009, Yamhure viajó a la Brigada 11 de Montería para recoger “información para un libro que iban a publicar en respuesta al de Las Puertas del Ubérrimo”.

Desde sus columnas en El Espectador, durante casi una década Yamhure ha fustigado a defensores de derechos humanos, políticos de la oposición y algunos periodistas. Reconocido por varios medios como el alter ego de Álvaro Uribe, Ernesto Yamhure es un connotado crítico de quienes a su vez critican al ex mandatario.

Lo que no se sabía hasta ahora es que, además, sus columnas eran discutidas antes de su publicación con jefes paramilitares.

Cuando Un Pasquín le preguntó sobre su relación con Carlos Castaño y ese intercambio de mensajes, el articulista dijo: “Yo nunca le enviaba los borradores al jefe de una organización criminal para que escribiera mis columnas; simplemente estaba consultando si los contenidos se ajustaban a la información que me proveía él como fuente en mi trabajo periodístico”.

De igual manera descartó que dichas consultas constituyeran un conflicto de intereses o una falta ética, aunque reconoció que las directivas de El Espectador nunca fueron informadas sobre los mensajes que se cruzaban Castaño y él acerca del contenido de las columnas que publica regularmente en la página editorial del diario capitalino.

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